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Comunicaciones : 2010: José Luis Pozo Fajarnés: INTROITO A LAS APORTACIONES DEL MATERIALISMO FILOSÓFICO AL PROBLEMA ACTUAL DE LA ECONOMÍA. "LA “VUELTA DEL REVÉS” DEL MARXISMO
Enviado por Webmaster el 15/10/2010 22:30:00 (1847 Lecturas)

[Comunicación presentada en las XIII Jornadas de Cuenca 2010]

INTROITO A LAS APORTACIONES DEL MATERIALISMO FILOSÓFICO AL PROBLEMA ACTUAL DE LA ECONOMÍA.[i] LA “VUELTA DEL REVÉS” DEL MARXISMO

1 - Introducción

  En 1972, la editorial «La Gaya Ciencia» editó el texto de Gustavo Bueno «Ensayo sobre las categorías de la economía política», un texto al que se puede acudir en la página web de la Fundación Gustavo Bueno, pues allí está publicado en formato pdf para quien esté interesado en su lectura.[ii] El texto fue fruto de las ideas que aportó a un congreso desarrollado dos años antes y cuyo tema era la economía. El marxismo clandestino/oficial español de la época no le dio al «Ensayo» una buena acogida, lo que parece obvio por ser una auténtica «vuelta del revés» del marxismo. La ortodoxia marxista no supo aprovechar lo que tenía delante, una herramienta que permitía una nueva lectura de «El capital» y que podía hacer que mantuviera su vigencia, pues tal «vuelta del revés» po­dí­a quedarse en mera calamidad y no llegar al auténtico desastre que fue su pérdida de vigencia solo unos pocos años después de la publicación de este libro del profesor Bueno. En 1989 cayó el muro de Berlín y en 1992 se desmembró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y, con ellas, la teoría económica y la filosofía que la fundamentaba, junto con el «comunismo científico» que les marcaba el camino y que llevaba a la emancipación de todo el «género humano».

Este trabajo incide en primer lugar en el «cierre categorial»[iii] de la economía tal y como lo propone Gustavo Bueno en su «Ensayo». En él se muestra la tremenda vaguedad, borrosidad, de los términos («producción», «riqueza», «consumo»)[iv] que quieren definir el marco de la economía. La clarificación de términos que emana al llevarse a cabo un «cierre categorial» deriva de la independencia que la ciencia económica logra mediante tal operación. Lo característico de una categoría es su independencia, la categoricidad tiene como fundamento la segregación de la parcela de la ciencia que sea. En este caso, la economía. El materialismo filosófico defiende la economía como una idea tecnológica que está asociada al intercambio de objetos producidos por los individuos que viven en el seno de una sociedad. El intercambio puede ser entendido como una suerte de rotación, la cual está sugerida en la observación del «ciclo estacional». Tal sugerencia es el fundamento tecnológico de la idea de «rotación de la mercancía», de su intercambio. Así pues, la idea de economía tiene un origen tecnológico como lo tiene la idea de cualesquier otras ciencias. El materialismo filosófico afirma el origen tecnológico de todas las ciencias.

Al final de estas páginas incidimos en la cuestión que da título a este trabajo, esta cuestión es la «vuelta del revés» del marxismo. El «materialismo histórico» de Marx pone en la base de la sociedad humana una economía indefinida que no da razón de todo lo que sobre ella se va a fundamentar. La contrapartida expresada en el «Ensayo» por Gustavo Bueno es por el contrario totalmente diáfana y resolutiva. Si tenemos en cuenta que los marxistas de hace cuarenta años hicieron caso omiso de esta propuesta de Bueno -quizá con alguna razón pues el imperialismo de la URSS se mostraba pujante frente al de los Estados Unidos- entenderemos sin ningún género de dudas porque las vicisitudes que se han dado en estos años han hecho tanto por la caída de su militancia en un ostracismo al que estaban destinados de forma inexorable.

2 - Las categorías de la economía política

Vamos a expresar a partir de aquí, sucintamente la propuesta de categorización de la economía política de Gustavo Bueno. La clarificación de los términos económicos nos va a permitir ver de otra manera cualquier tratado anterior. Bueno nos enmarca estas nuevas definiciones en un diagrama -la matriz compuesta por números y letras de más arriba- que revela las categorías de la economía política: “Una disposición matricial que sugiere multitud de relaciones entre los términos y que por ello mismo, a pesar de su apariencia analítica, no debe considerarse de forma estática”.[v]

La propuesta de Gustavo Bueno comienza por categorías como son la de «módulo» y «bien», para pasar a las de «producción», «moneda», «intercambio»… La nueva categorización propuesta para la eco­nomía política va a procurar que términos como el de «producción» se invistan de un contenido económico del que adolecían pues tal significación estaba diluida en la teoría marxista:

Presuponemos, en resolución, que los “bienes” son el término formal de la Producción, en su sentido económico. Es cierto que, con frecuencia, el concepto de “Producción” se extiende a la “reproducción de módulos” o a la “reproducción de relaciones sociales”. Y, sin duda, salvo para quien sea 'economicista', el concepto de “praxis” no se agota en la categoría económica. Pero si la noción de “Producción” se amplía tanto que se superponga prácticamente al concepto de “praxis”, entonces la “producción” pierde todo su sentido económico.[vi]

Los números de la fila superior del cuadro son individuos o grupos, «módulos», susceptibles de poseer bienes o de no poseerlos.[vii] Los individuos considerados en este diagrama categorial son no biológicos sino económicos, con capacidad reflexiva (no en un sentido subjetivo, cartesiano, sino matemático que es como considera este concepto el «materialismo filosófico», de manera que la reflexividad guardará relación directa con estas otras dos propiedades, la simetría y la transitividad).[viii] La consideración de «módulo» agrupa tanto a los individuos como a los grupos o a las clases. Estas últimas están compuestas por individuos que pueden definirse en tanto que “organismos o sujetos (o clases de organismos) que mantienen, entre sí, relaciones sociales de intercambio, o de cualquier otro tipo (relaciones sociales en general)”.[ix] Los módulos tienen la capacidad de operar opcionalmente de manera que escogerán, o no, distintos productos que el mercado les va a ofrecer y que pueden ser «bienes» productivos o improductivos (de consumo). Las categorías «módulo» y «bien» son las categorías centrales y primeras para el «cierre categorial» de la ciencia económica. Las dos categorías interactúan entre sí y con las demás, entre las que podemos nombrar las relacionadas con la producción: las «fuerzas productivas» y las «relaciones de producción», primeras en el marxismo por ser consideradas por él categorías económicas fundamentales.

y «bienes» que generan «módulos»).Con la idea de módulo vamos más allá que con la consideración de simple individuo, pues la idea de módulo tiene el sentido dado por el álgebra y así podemos entender que lo que el módulo nos señala es la característica de la invariabilidad.[x] De esta manera los módulos, que son a la vez consumidores, se identifican con los bienes.

Cada vez que un módulo consume el bien que sea, el bien consumido debe reponerse, y esta relación hace que el individuo deje de ser considerado como consumidor meramente biológico para ser considerado parte de un proceso distinto, el proceso de la producción, pero de una producción que es esencialmente «producción cultural» (aquí estamos ya señalando algo muy importante para la vuelta del revés del marxismo pues con esta consideración Bueno inserta un término considerado por Marx superestructural en la base del sistema económico). Los bienes producidos son bienes culturales y son los objetos de la producción material. Los bienes son siempre objetivos y tienen las tres dimensiones pertinentes de todo objeto.[xi] Si los bienes no fuesen cuerpos no serían susceptibles de intercambio, pues no se le podría dar valor. Por otra parte, la producción de valores económicos debe ser perfectamente entendida por todos los módulos (individuos productores y consumidores),[xii] pues si así no fuera tal producción no tendría valor (aquí debemos tener en cuenta algunas excepciones como son por ejemplo las de ciertos objetos de arte que sí adquieren valor pese a no ser «entendidos», ni siquiera por unos consumidores que pagan por ellos cantidades astronómicas). Todo esto lleva a que en el seno de la producción el bien que un módulo elabora deberá ser entendido por otro perfectamente, y para ello la producción deberá estar presidida por las propiedades matemáticas antes señaladas, las propiedades de reflexividad, transitividad y simetría.

Entonces tenemos que poder presentar el campo de la racionalidad económica (como concepto dialéctico que incluye la referencia a lo pre-racional) como un campo tal en el que los términos aparezcan precisamente definidos por las relaciones circulares (simétricas, transitivas y reflexivas), en cuanto establecidas por la mediación de bienes.[xiii]

La racionalidad del proceso de producción hace inviable la posibilidad de una forma de producción individual -las acciones cotidianas de Robinson Crusoe para su supervivencia no se pueden considerar producción- en la que ninguna de las tres relaciones anteriores sería factible. Si la producción fuese individual el intercambio sería absurdo, como los serían también los conceptos de distribución, consumo... Por otra parte la racionalidad también se muestra al constatar que nadie puede producir si tal acción no se da en el seno de instituciones ya conformadas, heredadas, lo que quiere decir que nadie puede generar algo de forma absoluta desde el origen, a partir de la nada, sino que se apoya en lo heredado, en lo que está a su disposición en el seno de las instituciones a que pertenece. La producción es, por todo lo dicho, histórica, y se da a lo largo del tiempo, en el transcurso de generaciones y generaciones. Por otra parte, también vemos que la producción tiene un carácter histórico al observar que los bienes producidos siempre son perecederos, tienen un principio y un final, y se deterioran a partir del mismo momento en que tienen su origen.

Dejamos aquí solo apuntado que términos como los de intercambio, distribución, consumo se relacionan también con las categorías de la tradición económica liberal, a la que se enfrentó la tradición económica marxista desde su origen y que Gustavo Bueno también pone en su sitio en su «Ensayo». En la tradición liberal las categorías más conspicuas son las de «oferta» y «demanda», en la matriz de la página 47 del «Ensayo» estas dos categorías tienen un relevante papel, presionando constantemente a los módulos y a los bienes. Estas cuatro categorías dibujan el primer paralelogramo, la diagonal del mismo es la categoría del «intercambio».

3 - El intercambio

La racionalidad implícita en el sistema productivo, la necesidad de que éste se dé en el seno de instituciones y, por último, el hecho de que sea histórico, nos llevan a la categoría del intercambio, sea esta tomada en su sentido de distribución de bienes, o de forma más compleja, como intercambio comercial. En este segundo sentido deberemos tener en cuenta el dinero, la moneda. Esta última tiene una gran relevancia por ser el factor más importante para la consolidación de la racionalidad económica: “a la manera como la rueda constituye, también, un acontecimiento en la historia de la racionalidad mecánica”.[xiv] La moneda ya se usaba, y de ello nos ha dado muestras la Antropología cultural desarrollada en el siglo XIX, por parte de los pueblos primitivos. Entre estos pueblos la moneda -aunque debe­ría­mos hablar mejor de «bien dinerable», pues la moneda es mucho más compleja- solía ser por lo general biológica (conchas, colmillos de jabalí), pero este uso monetario era demasiado rudimentario. La racionalidad económica se desarrolla con la institucionalización de la moneda fabricada, y por lo tanto acuñada, como objeto de intercambio.

Por debajo del nivel de la Ciudad-Estado, las categorías económicas son cada vez menos perceptibles (como, por debajo del “amphiosus” es cada vez menos perceptible la estructura de los vertebrados). El “cierre categorial” es cada vez más débil. En las sociedades más rudimentarias, no hay ni siquiera intercambios de bienes entre familias; aquí hay “razón económica” en el mismo sentido en que hay Geometría antes del descubrimiento del compás, o Mecánica antes del descubrimiento de la rueda. Esta perspectiva 'evolucionista' parece la más adecuada para situar los debates sobre la llamada “Antropología económica” o “Economía de los pueblos ágrafos”.[xv] *

La moneda tiene un valor que puede ser intercambiado por multitud de otros bienes. Desde su origen se ha dado la circunstancia de que algunos que te­nían de ella grandes cantidades la han multiplicado muchas veces, o sea que la moneda ha facilitado la acumulación de riqueza en las manos de unos pocos. Esta característica ha llevado a que ciertos individuos o grupos –módulos en este contexto categorial- puedan definirse en virtud de la posesión de mayor o menor número de bienes, o incluso por haber productos a los que no tiene acceso. Pese a ello, el hecho de que se exista economía lleva a que los productos siempre están en movimiento, en rotación, dependiendo de las posibilidades económicas de los distintos módulos. La idea de economía está asociada a la presencia constante del intercambio, a una incesante rotación a distintas escalas.

La moneda permite en su interacción constante con las demás categorías de la tabla lo que Bueno denomina «metábasis», la metábasis es el proceso de «destrucción» de las propias categorías y se da de forma progresiva y regresiva, de manera que tiene un doble “efecto dialéctico reforzado es el desbordamiento del «cierre categorial» y la inmersión de la categoría en el reino de las «Ideas» -es decir, de la Filosofía-”.[xvi] Así vemos que los contenidos categoriales no están «agotados» por la categoría en la que se realizan. La destrucción no se produce de una vez, sino que se realiza según se va dando el mismo proceso de constitución de las categorías, las cuales se renuevan cíclicamente y de maneras muy distintas. En la dialéctica del «progressus» alcanza sus cotas de máxima intensidad en los momentos en los que las categorías entran en crisis revelándose como apariencias de sí mismas, y en el sentido contrario o «regressus»:

La esencia de la dialéctica categorial destructiva, en la dirección del «regressus», puede declararse de este modo: dada una categoría, y dados los términos y relaciones categoriales (pongamos por caso: la Moneda, en la categoría económica) que sólo en el “cierre categorial” pueden realizarse, resulta que los propios contenidos categoriales no están 'agotados' por la categoría en la que se realizan. Por consiguiente, el análisis regresivo de los propios contenidos que se sostienen en la categoría y la constituyen, nos remite más allá (metábasis) de la categoría, y nos presenta la propia categoría como una 'apariencia'.[xvii]

Para Gustavo Bueno la moneda tiene la misma función que las variables lógicas y aritméticas, y considera que la propia institución de la moneda llevó al uso de variables en el campo del Algebra:[xviii] “Podríamos decir, simplemente, que si las monedas parecen variables, es debido a que las variables han comenzado por ser ellas mismas «metáforas monetarias». El mismo nombre de valores que damos a los argumentos de las variables no puede ocultar su parentesco con la terminología económica. El valor de una moneda es su capacidad adquisitiva, su capacidad para ser sustituida por ciertos «argumentos» que son los bienes que con ella podemos adquirir.”[xix] Para Gustavo Bueno la moneda en su condición de «variable», de «universal», es una suerte de Idea platónica y comparte con ella algunas de sus más importantes características, por ejemplo, la de que al ser participada por una multiplicidad no se marchita, no pierde nada de lo que tiene por esencia. Y si por el hecho de ser un objeto material pierde algo de volumen, debido a cierto desgaste, esa pérdida es solo aparencial pues en cualquier momento se puede sustituir por un nuevo objeto monetario del mismo valor.

Las categorías de «moneda» o de «intercambio» tal como las hemos considerado aquí nos vuelven a llevar a una de las cuestiones más importantes apuntadas por Gustavo Bueno, la de que es imposible la economía sin la existencia de una sociedad política en el que se pueda desarrollar. El nivel mínimo de categorización de la economía solo puede funcionar si hay un Estado en su base. De manera que ya en la polis griega fue posible la economía, y en su seno fue por primera vez estudiada, en primer lugar por Aristóteles y más adelante por su discípulo Teofrasto, el cual distinguió entre cuatro clases de economías: “la regia o «basiliké», la satrápica o «satrapiké», la política o «politiké» y la individual o «idiotiké»”.[xx]

Gustavo Bueno en su texto de 2004, «La vuelta a la caverna. Terrorismo, Guerra y Globalización», hace su propia clasificación de la economía a partir de la fructífera idea de «rotación recurrente». Bueno señala tres distintos valores de la idea de eco­no­mía, los cuales no están separados pues actúan entre sí en diferentes círculos abstractos. Los «bienes producidos» no son el factor determinante en la clasificación sino que el factor es «la sociedad», en cuyo seno se producen. De manera que, en primer lugar, tenemos las «economías particulares o privadas», en segundo lugar, las «economías públicas, economías nacionales o políticas», en éstas el parámetro de la función rotación es el Estado, mientras que en la anterior era la familia, o también la empresa, y por último, las «economías globalizadas». En estas últimas el Estado también está presente. La propaganda del Imperialismo depredador trata de ocultarlo para su propio beneficio pero su presencia es necesaria. Para que haya economía política es necesario el Estado; ésta importante tesis de Gustavo Bueno da la vuelta del revés al marxismo.

4 - Vuelta del revés del marxismo

La «rotación recurrente» es el fenómeno conformador de todo el proceso económico y, por lo mismo, de las categorías de la economía política. La «presión» que ejerce el fenómeno de la rotación recurrente expulsa del esquema económico lo que Marx señaló como base –la infraestructura económica- en su explicación del mecanismo social e histórico. La centrifugación que ejerce la rotación recurrente provoca la fuga de lo que en el esquema marxista era primero, colocando en la base de todo al propio proceso en movimiento.

Para Gustavo Bueno la distinción que Marx expresa en su materialismo histórico entre base y superestructura no tiene consistencia dado que es un puro artificio en el que la superestructura es prácticamente la totalidad de las cosas y la infraestructura es la economía. Pero esta economía no está explicada, no sabemos de dónde sale, el esquema marxista adolece de definición. Base y superestructura deben ser reinterpretadas para que el esquema cobre sentido. Todo lo superestructural (filosofía, teología, derecho, religión…) tienen papel en el proceso transformador. Para Marx lo superestructural es mera derivación del modo de producción y de la economía que lo sustenta, de manera que ni filosofía ni religión ni derecho… tienen papel en los cambios históricos. Pero esto no es tal, y lo que para Marx es último para Bueno es primero, de manera que lo superestructural y fruto de las relaciones económicas va a ser lo fundamental en esta vuelta del revés del marxismo.

Como ya hemos afirmado más arriba, para Gustavo Bueno la economía dejará de ser ese débil e indefinido soporte de todo el armazón y en su lugar se colocará el armazón mismo. Un armazón que es el «esqueleto» generado por el funcionamiento del sistema, y que como todo esqueleto es posterior pues lo genera el propio organismo: “Un soporte que ha brotado del propio zigoto, que no es el mismo la fuente de los demás tejidos (aunque algunos broten incluso a su través), sino que se constituye conjuntamente con la diferenciación del todo, al cual, sin embargo, sostiene”.[xxi] En esta vuelta del revés de la teoría de Marx, la base de todo el sistema es producto de su mismo funcionamiento, de manera que lo que se denomina en la teo­ría marxista superestructural, como es la ideología, la historia, el arte… es todo lo contrario, pues todo lo que denominamos «cultural» es parte constitutiva -el esqueleto- del lugar en el que a posteriori se llevara a cabo la propia actividad económica:

En cambio, si entendemos la «base» en el sentido anterior, la tesis materialista (de Marx), según la cual la base económica de un sistema social determina su curso histórico, deja de ser una opinión más o menos respetable y fértil y se convierte en una evidencia axiomática, incluso en una tautología: porque negar esta tesis equivaldrá ahora a negar la recurrencia del sistema. Quien afirma, por tanto, que la base es un determinante ‘en última instancia’, resulta tan sorprendente como aquél que se declaraba panteísta moderado.[xxii]

El marxismo está patas arriba, pues Gustavo Bueno ha demostrado que es primero lo cultural que lo económico, que para que haya economía política es necesario el Estado, es necesaria la patria. La definición del materialismo filosófico para la «patria» es que ésta es la tierra de los padres, la tierra en que está la riqueza y que se tuvo primero en cuenta como «suelo» para la agricultura y la ganadería. Esta tierra fue fruto de una apropiación originaria, una apropiación que no es generadora de ningún derecho, pues el derecho emanará de la organización social que, con el tiempo, se desarrollará en ese territorio. El territorio se mantendrá como propio a lo largo del curso histórico y tras ejercer la defensa del mismo ante otros intentos de apropiación (esta definición de la patria se opone a la defensa de título de propiedad de la «tierra santa» por parte de los hebreos o a la que señalan algunos musulmanes hoy día respecto de la que llaman -con prurito de propiedad- «al-Andalus», como en sentido contrario a los derechos de propiedad que defienden en España los vascos o los catalanes).

Para el marxismo la propiedad era fruto de la lucha de clases. Engels afirmó que los explotadores habían inventado el Estado para defender y mantener sus propiedades frente a los que eran sus explotados:

Pero acababa de surgir una sociedad que, en virtud de las condiciones económicas generales de su existencia, había tenido que dividirse en hombres libres y en esclavos, en explotadores ricos y en explotados pobres; una sociedad que no sólo no podía conciliar estos antagonismos, sino que, por el contrario, se veía obligada a llevarlos a sus límites extremos. Una sociedad de este género no podía existir sino en medio de una lucha abierta e incesante de estas clases entre sí o bajo el dominio de un tercer poder que, puesto ostensiblemente por encima de las clases en lucha, suprimiera sus conflictos públicos y no permitiese la lucha de clases más que en el terreno económico, bajo una forma sedicente legal. La «gens» había dejado de existir. Fue destruido por la división del trabajo, que escindió en clases a la sociedad, y fue remplazada por el Estado.[xxiii]

Y a partir de que surja el «derecho al territorio» tendrá cabida también el «derecho a la propiedad». Dice Bueno que en primer lugar estaría la apropiación de un territorio, de un territorio que es la plataforma de supervivencia y también de riqueza de los que lo ocupan. El derecho a tal territorio emanará solo de la fuerza que muestren a resistir, pues no hay derecho consolidado a lo largo del tiempo, ni siquiera al autoproclamarse «primeros ocupantes». En segundo lugar tendremos la «propiedad» que es la distribución y continua redistribución de la apropiación anterior. Con ello surgirá el «derecho de propiedad», su rudimento será el del «derecho del más fuerte» y su consolidación se dará en los distintos códigos expresados en las distintas sociedades estatales dadas a lo largo de la Historia. De esta secuencia emana la imposibilidad de unas clases, poseedoras y desposeídas, que pudieran darse antes de la conformación del Estado. Esta es la tesis de Gustavo Bueno: las clases surgirán dentro del Estado, y con ella se opone frontalmente a la tesis del marxismo relativa a la conformación del Estado como fruto de una lucha de clases originaria y que puede leerse en el anterior fragmento de Engels.

5 - Conclusión

En estas pocas páginas hemos tratado de mostrar la crítica de Gustavo Bueno a las ideas que parecían más renovadoras y salvadoras en los primeros años setenta en España y, por qué no, también en el mundo. Su diagnóstico fue certero: el marxismo, su economía política, era un gigante con pies de barro. No pasaron ni veinte años y la praxis marxista, personificada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se vino abajo. Tal debacle vino a significar que la trasformación social no podía ser llevada a cabo por un sujeto inexistente, metafísico, como era el «género humano» tan mentado en los textos marxistas e incluso constantemente cantado en las reuniones de comunistas de todo el orbe. El elemento trasformador, el elemento que ejerce la tracción en la historia de hombres y mujeres, no puede ser un ente metafísico sino que es el individuo cuando se relaciona con otros individuos de forma compleja, cuando conforma Estados, cuando los intereses de los Estados chocan entre sí… La teoría del Estado de Gustavo Bueno se desarrolló en muchos de sus textos tras que sucediera lo que estaba implícito en el «Ensayo» analizado. El poco tiempo trascurrido tras la publicación del mismo vino a confirmar que la praxis del marxismo no tenía futuro -la prueba de ello fue el derrumbamiento de la URSS -. Pero la teoría del Estado del profesor Bueno da para muchísimo, para ingentes comentarios que ya están desarrollándose en las páginas de muchos libros y revistas especializadas. En el «esbozo» que propongo para un futuro en la primera nota de este texto, la teoría sobre el Estado de Bueno será tan prioritaria como lo son, en este introito, las categorías de la economía política.



[i] Este estudio se conformará en un futuro, en lugar de cómo aquí en una mera introducción, en algo más contundente, en lo que puede ser incluso todo un esbozo de “las aportaciones del materialismo filosófico al problema actual de la economía”.

[ii] www.fgbueno.es/gbm/gb72cep.htm

[iii] Un «cierre categorial» que -es necesario decir aquí antes de nada- no es perfecto como puede ser el de ciencias como la Geometría, la Física o la Biología. La racionalidad económica no puede construir modelos aislados como sí pueden hacer las ciencias antes citadas. La Razón económica busca la recurrencia de un sistema de referencia que es imposible asegurar para el campo de acción que va desarrollándose históricamente denominado «sociedad universal». “Por estos motivos, la «Razón económica» académica no puede aspirar nunca a construir «cierres categoriales»tan rigurosos como la Física o la Biología; la cientificidad de la Economía política es muy precaria -no por ello menos urgente- y la «Razón económica» tiene siempre tanto de 'prudencia' como de 'ciencia'.Para saber con más precisión su significado, seguir este «link»: http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Teor%EDa_del_cierre_categorial

[iv] http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Concepto

[v] Delgado Palomar, J. “La economía como disciplina científica”. El catoblepas. Número 13. Mayo 2003. Página 13.

[vi] Bueno, G. “Ensayo sobre las categorías de la economía política”. La gaya ciencia. Barcelona. 1972. Página 52.

[vii] El cierre categorial de la razón económica está desarrollado en el texto que estamos analizando (páginas 39 a la 102). El diagrama de las categorías de la economía política está en la página 47.

[viii] El profesor Bueno señala que estas tres relaciones matemáticas conectan los individuos con los bienes y con la moneda de manera que sin ellas no habría posibilidad de funcionamiento del mercado. Y concluye a partir de ello en como las formas de intercambio sujeto a esas tres propiedades anteriores -aunque solo a partir de la complejización generada por el uso de dinero- ha sido uno de los factores de racionalización más importantes en la historia.

[ix] Bueno, G. Ibídem. Página 45.

[x] Lo que aquí tenemos en cuenta es el «módulo del producto»: (|a∙1|=a).

[xi] La división de subjetivo/objetivo queda borrada en la categoría económica. El módulo se define por todos los bienes a que tiene opción mediante el dinero. En el momento de mayor subjetividad el módulo es absolutamente objetivo pues lo que hace es fabricar bienes para cambiar, comprar o vendérselos a otros.

[xii] “En la perspectiva de la rotación sistemática recurrente, los módulos dejan de ser simplemente consumidores y aparecen también como productores”. Bueno, G. Ibídem. Página 59.

[xiii] Bueno, G. Ib. Pág. 46-7.

[xiv] Ib. Pág. 43.

[xv] Ib. Pág. 97.

[xvi] Ib. Pág. 110.

[xvii] Ib. Pág. 113.

[xviii] Ya hemos señalado más arriba que la idea de economía tiene un origen tecnológico, que toda ciencia lo tiene.

[xix] Ib. Págs. 115-16.

[xx] Bueno, G. “La vuelta a la caverna…”. Ediciones B. Barcelona. 2004. Pág. 190.

[xxi] Bueno, G. “Ensayo sobre las categorías de la economía política”. Pág. 102.

[xxii] Ibídem. Págs. 82-3.

[xxiii] Engels, F.”El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Editorial Fundamentos. Madrid. 1977. Págs. 210-11.

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